La maestra del Tecnológico: La cruz que sigue pidiend taxi
Por Redacción | Noreste Digital | NoticiasPC.com.mx |
Ciudad Victoria, Tamps.- Si usted circula de noche por La AV. Tecnológico antes Bulevar Adolfo López Mateos, justo donde está la joroba vial, seguramente ha visto una pequeña cruz blanca a un costado de las vías del tren. La mayoría la ignora. Los taxistas no.
Esa cruz marca el lugar donde murió una maestra. Y donde, según decenas de testimonios de ruleteros, su espíritu sigue pidiendo servicio.
Dicen que ocurrió en la década de los ochenta, cuando en ese punto no existía la joroba vial. Lo que hoy es un puente, antes era un camellón, apenas iluminado, que atravesaba las vías del ferrocarril mediante un puentecito. Las vías siguen ahí, la joroba se construyó alrededor del 2005 y fue así que desapareció el camellón a esa altura.
Una noche de llovizna, un joven taxista a quien todos conocían como el «Resacas» circulaba de noche con poco pasaje por la Av. Tecnológico antes Boulevard López Mateos. A la altura del camellón, una mujer le hizo la parada.
Era una maestra. Blusa blanca impecable, falda larga, portafolio en mano y empapada por la lluvia. Su voz fue apenas un susurro:
«Por favor… lléveme al Tecnológico a recoger unos documentos y del Tecnológico a mi casa.»
El taxista la subió. Durante el trayecto, la mujer no habló. Solo miraba por la ventana, con una tristeza profunda. Al llegar al Instituto Tecnológico, la mujer camino entre las sombras y al poco rato regreso con una carpeta en las manos, al llegar a una casa de portón de fierro dijo:
«Gracias por traerme a casa con esta lluvia, quédese usted con el cambio”.
Se bajó y entró a la casa. Al día siguiente el taxista noto que había un bolso en el asiento trasero, fue a devolverlo a la dirección que la mujer le había indicado, tocó a la puerta y quien le abrió fue una señora de la tercera edad. El ruletero le explicó que buscaba a una señora que había entrado a su casa y había olvidado su bolso.
La anciana se extrañó. «Aquí no vive nadie, solo yo joven.»
El taxista insistió y describió a la mujer con detalle. El rostro de la anciana se descompuso por completo. Entró a su casa y regresó con una fotografía enmarcada.
«¿Es ella?»
El taxista afirmó con la cabeza. Era ella, sin duda.
La anciana, con lágrimas en los ojos, sentenció:
«No puede ser. Ella es mi hija. Era maestra. Pero murió hace dos años. La atropellaron ahí… donde hoy está la joroba. Donde era el camellón».
El taxista sintió que las piernas le fallaban. Corrió a su unidad y al abrir la puerta trasera, encontró el asiento mojado y un pequeño charco de agua en el tapete, con huellas que no salían de la casa… sino que entraban hacia el asiento del conductor.
Se dice que ese joven ruletero sufrió trastornos por semanas y que poco después falleció. Y aunque muchos lo toman como superstición, la historia se hizo tan popular que hoy, ningún taxista de la vieja escuela se atreve a levantar a una mujer sola después de la medianoche en la joroba vial.
Temen que sea ella. La mujer con una carpeta en la mano tratando de volver al Tecnológico y sea su último viaje.
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