MÉXICO: Los Zapatistas vs. AMLO

Por María Inclán | Berkeley | Noticiaspc.com.mx |

El 1 de enero de 2019, en el 25 aniversario del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el Subcomandante Moisés expresó el rechazo zapatista a la inauguración presidencial de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y a su programa de gobierno:

«Nos enfrentaremos a lo que venga porque no permitiremos que se implemente su proyecto de destrucción aquí. No le tenemos miedo a su Guardia Nacional, que es simplemente el ejército bajo otro nombre. Lo renombró para no tener que admitir que es el mismo ejército de siempre. […] Si la Madre Tierra pudiera hablar, diría: ‘¡Vete a la chingada!’ La Madre Tierra no habla, pero si lo hiciera, diría: ‘¡No! ¡Vete a la chingada!'»

Este distanciamiento entre AMLO y el EZLN no es nuevo y se remonta a los años 90, cuando López Obrador era presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Aunque no se reconocía una alianza formal, había simpatía mutua entre el movimiento zapatista y el partido. Sin embargo, tras ganar el PRD en Chiapas, no logró, a ojos zapatistas, cumplir con las demandas sociales y políticas del movimiento. Otro desencuentro ocurrió en 2001, cuando AMLO, entonces alcalde de la Ciudad de México, no recibió a los 24 comandantes zapatistas que marcharon en apoyo a la Ley de Derechos Indígenas.

A pesar de la desconfianza zapatista hacia la política partidista y electoral, la transición democrática de México en los 90 permitió elecciones más competitivas y cambios en el poder. Sin embargo, la investigación sugiere que, con el tiempo, la relación entre los zapatistas y los nuevos gobiernos locales se tornó en desencanto, ya que no cumplían con las demandas del movimiento.

Las reformas electorales de los 90 generaron cambios en la representación legislativa, pero las esperanzas de los zapatistas por una democracia más fuerte se desvanecieron. Aunque el PRI perdió su mayoría en el Congreso, las reformas no cumplieron con las demandas indígenas, y el poder real continuó en los municipios.

El EZLN abandonó el diálogo en 2003 tras el fracaso de la Ley de Derechos Indígenas y se volcó hacia formas de movilización autónomas, como las Juntas de Buen Gobierno, sin reconocimiento legal. La distancia zapatista de la política partidista no es exclusiva de AMLO, sino que refleja la desconfianza histórica hacia la política de partido y electoral en Chiapas.

A pesar de encabezar el gobierno federal, AMLO se encuentra ahora en el punto de mira de los zapatistas, quienes se oponen abiertamente a su proyecto de desarrollo económico. La relación entre el EZLN y el gobierno federal sigue siendo tensa, mientras los zapatistas evalúan cómo desafiar al único frente de oposición que AMLO no se ha atrevido a desacreditar.

 

Fuente original: Berkeley  

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