Alternancia debe significar vivir mejor, no perder beneficios: David Valenzuela
Agustín Peña Cruz | NoticiasPC.com.mx |
Ciudad Altamira, Tamps.- La democracia no termina cuando una ciudadanía deposita su voto en las urnas. Para David Valenzuela Barrios, el verdadero sentido de ese ejercicio aparece después: cuando el cambio de gobierno se traduce en mejores servicios, continuidad de los programas que funcionan y una mejora tangible en la calidad de vida.
Durante una entrevista en el programa de streaming “Tarde de Café”, Valenzuela Barrios abordó la relación entre democracia, alternancia política y responsabilidad gubernamental, con una reflexión que trasladó el debate electoral a un terreno cotidiano: qué recibe la ciudadanía a cambio de cada cambio de administración.
“La democracia es que el pueblo decida, que el pueblo mande”, sostuvo al explicar que la participación ciudadana constituye la base de las elecciones y de la posibilidad de modificar el rumbo de un gobierno.
Desde esa perspectiva, explicó, la alternancia es consecuencia directa de la capacidad de los ciudadanos para elegir nuevamente cuando consideran que una administración no respondió a sus expectativas.
“Al darles la facilidad al pueblo de decidir, al darles esta facultad de decir qué quieren y qué no quieren, pues tienen el derecho de decir: ‘Esta vez elegí que esta tetera fuera quien me gobierne, pero ya no me gustó y ahora quiero que sea la taza’. Esa es la alternancia”.
El politólogo planteó que el cambio no necesariamente debe producirse entre partidos distintos. Puede ocurrir también dentro de grupos políticos cuando la ciudadanía identifica que las personas que llegan al poder mantienen las mismas prácticas o forman parte de un mismo sistema.
El problema, dijo, aparece cuando la sociedad deja de percibir que su decisión modifica realmente las cosas.
“Hay que informarnos, hay que participar y, sobre todo, hay que participar”, afirmó al referirse a la importancia de que los ciudadanos conozcan el funcionamiento de los procesos electorales y ejerzan su derecho al voto con criterio propio.
LA ALTERNANCIA COMO EVALUACIÓN CIUDADANA
Para Valenzuela, la democracia permite que los ciudadanos prueben distintas opciones políticas y decidan si continúan con ellas o buscan una alternativa.
“Lo mismo pasa en la política. Y eso es lo que nos da la alternancia”, explicó.
Su argumento parte de una premisa sencilla: ningún gobierno debería asumir que la ciudadanía le pertenece.
Los periodos constitucionales tienen principio y fin precisamente porque la democracia contempla la posibilidad de evaluar el desempeño de quienes ejercen el poder.
“Los periodos tienen una fecha de inicio y una fecha de término”, señaló.
En ese contexto, también cuestionó la reelección de las presidencias municipales. Desde su perspectiva personal, permitirla representa un problema porque quien gobierna cuenta con ventajas institucionales frente a quienes buscan sustituirlo.
Valenzuela vinculó esa discusión con el principio histórico de “sufragio efectivo, no reelección”, utilizado por Francisco I. Madero como una de las banderas de la Revolución Mexicana.
Más allá de las diferencias entre partidos, sostuvo que el ciudadano debe conservar la capacidad de modificar el rumbo político cuando considere que los resultados no corresponden con sus expectativas.
EL PROBLEMA DE CAMBIAR TODO CUANDO LLEGA OTRO GOBIERNO
Uno de los puntos centrales de la conversación fue el costo que, a juicio de Valenzuela, generan las decisiones tomadas por razones políticas y no por necesidades públicas.
El ejemplo más visible fue el cambio de colores institucionales.
“Es un tema de egos, de egocentrismo, de egos tontos”, dijo al cuestionar que una nueva administración modifique colores, nombres o elementos de infraestructura únicamente para borrar las referencias del gobierno anterior.
Su crítica no se limita al aspecto estético. Consideró que esos cambios representan recursos públicos que podrían destinarse a necesidades más urgentes.
“Cada quien durante su gestión va haciendo ciertas cosas. No puedes llegar y decir que todo lo has hecho tú porque este municipio no se hizo en tres años”, sostuvo.
Como alternativa, recordó una propuesta que planteó durante su campaña: establecer un color institucional para Altamira que no estuviera vinculado con ningún partido político y que permaneciera independientemente de quién ocupe la administración municipal.
“Queríamos que Altamira sea caqui, que sea verde, rojo, morado, verde bandera, el color que Altamira quiera. Y que ese sea el color institucional”, explicó.
La finalidad sería evitar que cada administración vuelva a gastar en pintar edificios, puentes, señalética o espacios públicos con los colores de su partido.
GANAR NO DEBE SIGNIFICAR BORRAR LO ANTERIOR
Para el entrevistado, la continuidad de los programas sociales constituye una de las pruebas más importantes de una verdadera alternancia.
Puso como ejemplo los servicios médicos y de asistencia social. Si un gobierno elimina un beneficio y establece otro, no necesariamente existe una mejora.
“La gente lo que quiere es vivir mejor, la gente lo que quiere es tener más beneficios, no que le cambies un beneficio por otro”, afirmó.
La idea la llevó a una situación concreta: una persona que recibe un apoyo económico, pero pierde medicamentos, consultas, estudios o servicios que anteriormente tenía.
“¿Avancé o no? No. Realmente avanzamos o nos cambiaron un beneficio por otro”, cuestionó.
Para Valenzuela, el criterio debería ser acumulativo: conservar aquello que funciona y agregar nuevas prestaciones.
“Si tenías todo eso y te cobraban 30 pesos de consulta, bueno, ahora hay que tener todo eso y que no me cobren la consulta; pero tener las dos cosas, no cambiar una cosa por otra”.
GOBERNAR TAMBIÉN SIGNIFICA MANTENER
La misma lógica, explicó, debe aplicarse a la infraestructura pública.
Construir una unidad deportiva, una avenida, una escuela o un centro comunitario no resuelve por sí mismo una necesidad si no existe un presupuesto y una estrategia para conservarlo.
“No se trata nada más de hacer sino de mantener”, señaló.
En ese punto incorporó una segunda dimensión: la responsabilidad ciudadana.
El mantenimiento de los espacios públicos, dijo, debe ser una tarea compartida entre autoridades y vecinos. El gobierno debe garantizar iluminación, limpieza y reparación, mientras la sociedad debe cuidar instalaciones que finalmente le pertenecen.
“Es una responsabilidad compartida, pero definitivamente el gobierno tiene culpa, tiene mucha culpa”, afirmó.
PENSAR MÁS ALLÁ DE UN TRIENIO
La discusión terminó llevando a uno de los problemas que Valenzuela considera más relevantes para Altamira: el crecimiento urbano sin una visión suficientemente amplia.
Un nuevo fraccionamiento, explicó, no puede autorizarse pensando únicamente en la construcción de viviendas. También deben considerarse vialidades, escuelas, transporte, drenaje y servicios de salud.
“Si van a llegar 3 mil, 5 mil familias a esa zona, ¿por dónde van a salir? ¿A dónde van a ir a la escuela esos niños? ¿Dónde se van a atender? ¿Hay un centro de salud que tenga la capacidad de atenderlos? ¿Hay transporte público en la zona?”, preguntó.
Su planteamiento es que los proyectos municipales deben trascender los periodos de gobierno.
Cada administración puede imprimir su estilo, sostuvo, pero los proyectos de largo plazo deben conservar su propósito original.
“Cada gobernante llegará y le pondrá su estilo, pero sí que cumplan el fin para el que fueron desarrollados estos proyectos”.
En una ciudad con crecimiento industrial, comercial y habitacional como Altamira, añadió, la planeación adquiere mayor relevancia.
“El crecimiento de Altamira se va a dar por consecuencia. Van a seguir llegando más empresas, van a seguir llegando tiendas grandes. Gobierne quien gobierne no lo puede detener; puede alentarlo o apresurarlo”.
La pregunta, dijo, es si ese crecimiento termina mejorando la vida cotidiana.
“Esto que llegue tiene que mejorar mi calidad de vida”.
UNA CIUDADANÍA QUE NO ACEPTA RETROCESOS
Al cerrar la entrevista, Valenzuela resumió su postura en una frase dirigida tanto a quienes gobiernan como a quienes aspiran a hacerlo.
“Siempre que exista democracia va a existir alternancia y la alternancia debe ser en el sentido de que la gente sienta que vive mejor y que sus necesidades son atendidas”.
Para él, el cambio político pierde sentido cuando una administración sustituye un beneficio por otro, abandona proyectos útiles o utiliza recursos públicos para borrar la huella del gobierno anterior.
La alternancia, sostuvo, debería funcionar de otra manera: conservar lo que sirve, corregir lo que falla y construir sobre lo ya avanzado.
“Quien llegue, ciudadanía, quien llegue, que te dé más que lo que ya tienes. Nunca aceptes menos y tampoco aceptes que te cambien una cosa por otra”.
Esa, planteó, es la diferencia entre cambiar de gobierno y avanzar como sociedad.
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