Mercadotecnia desplaza tradiciones mexicanas, advierte pedagoga
Por Agustín Peña Cruz | NoticiasPC.com.mx |
Ciudad Altamira, Tamps.- La comercialización de Halloween gana terreno en las ciudades, mientras las celebraciones del Día de Muertos enfrentan el reto de conservar sus raíces culturales y transmitir su significado a las nuevas generaciones, advirtió la pedagoga Lucía Mercedes Espinoza del Ángel.
Durante la entrevista del programa de streaming Tarde de Café, la especialista reflexionó sobre las diferencias entre ambas festividades, sus antecedentes históricos y la manera en que las dinámicas comerciales han influido en la forma de celebrarlas en México.
Para Espinoza del Ángel, el problema no radica en adoptar costumbres extranjeras, sino en perder de vista el valor de las propias. Consideró que Halloween puede celebrarse como una actividad recreativa, siempre que los adultos orienten a los menores sobre su significado y eviten transmitirles interpretaciones que no corresponden necesariamente a una fiesta de disfraces.
“Tú como adulto puedes vestir a tus niños y llevar esta festividad como una tradición de fiesta, donde hay risas, disfraces, cantos y convivencia”, explicó.
La pedagoga también aclaró que Halloween no tiene su origen en Estados Unidos, como suele creerse, sino en Irlanda. El significado, señaló, está relacionado con las vísperas de Todos los Santos, aunque su popularización comercial en territorio estadounidense contribuyó a extenderla internacionalmente.
Por otra parte, describió el Día de Muertos como una expresión cultural mexicana que combina antiguas creencias indígenas con elementos de la tradición católica. El significado está relacionado con la memoria de quienes fallecieron y la concepción de la muerte como parte de un ciclo de continuidad espiritual.
La celebración, reconocida por la UNESCO en 2008 como patrimonio cultural inmaterial, conserva elementos simbólicos que forman parte de los altares tradicionales: el agua, la sal, las veladoras, las fotografías y las flores de cempasúchil.
Cada componente tiene un significado particular. El agua representa el alivio de la sed de los difuntos; la sal simboliza la purificación y protección, mientras que las flores orientan simbólicamente el camino de regreso de los seres queridos.
Espinoza del Ángel precisó que mantener esta tradición no requiere grandes inversiones ni altares costosos. Una fotografía, una flor, un vaso de agua, una taza de café y un poco de sal pueden ser suficientes para recordar a quienes ya no están.
“No hay necesidad de poner un altar grande. Con que le pongas los elementos primordiales, que son una tacita de café, un vaso de agua, una flor, sal y la fotografía, con eso puede ser un altar”, indicó.
La especialista identificó en la mercadotecnia uno de los principales factores que explican la mayor presencia de Halloween en los espacios urbanos y comerciales.
“A la mercadotecnia definitivamente. Las tiendas comerciales, ¿tú qué crees que vendan? Más disfraces. Es la mercadotecnia lo que lleva Halloween”, afirmó.
Explicó que las estrategias comerciales comienzan a posicionar productos con meses de anticipación y utilizan los espacios de venta para influir en las decisiones de consumo. En ese proceso, las celebraciones tradicionales también quedan sujetas a una lógica de comercialización que privilegia los artículos de mayor demanda.
La diferencia, añadió, se observa en comunidades de la Huasteca Potosina e Hidalguense, donde el Día de Muertos mantiene una presencia más arraigada mediante altares instalados en viviendas y espacios públicos, acompañados de comida, flores, veladoras y caminos ceremoniales.
En el ámbito educativo, consideró positivo que las escuelas organicen concursos de altares, catrinas y actividades relacionadas con Halloween, siempre que se explique a los estudiantes el sentido de cada celebración.
Sin embargo, insistió en que la formación cultural comienza en casa. Recordar a los abuelos, bisabuelos y tatarabuelos mediante fotografías, relatos familiares y visitas a los cementerios permite que los niños conozcan sus orígenes y comprendan la importancia de preservar la memoria.
También coincide en considerar necesario hablar de la muerte sin convertirla en un tema prohibido. La conversación familiar sobre las despedidas, los recuerdos y las decisiones relacionadas con el final de la vida puede contribuir a que las nuevas generaciones desarrollen una relación más consciente con este acontecimiento inevitable.
En su reflexión, Espinoza del Ángel señaló que recordar a los difuntos no debería limitarse al primero y segundo de noviembre. La memoria, dijo, puede mantenerse mediante la oración, los pensamientos y los pequeños actos de cariño durante todo el año.
Al concluir, la pedagoga llamó a celebrar ambas festividades desde el respeto, pero sin relegar las expresiones culturales mexicanas frente a las tendencias comerciales extranjeras.
“Que no perdamos nuestras bellas tradiciones, que nuestras bellas tradiciones nos hacen únicos y nos dan a conocer ante muchas ciudades”, expresó.
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