La comunicación silenciosa entre el segundo cerebro y el descanso nocturno

Por Redacción | Noticiaspc.com.mx |

CdMx.- El proceso digestivo es una danza sincronizada que va más allá de la simple conversión de alimentos en energía y desechos. Implica una comunicación constante entre el sistema digestivo y el cerebro. En el epicentro de esta conexión se encuentra el intestino, donde reside un sistema nervioso conocido como el sistema nervioso entérico. Este sistema juega un papel crucial al «informar» al cerebro sobre nuestras necesidades alimenticias y la saciedad. Pero lo que lo hace aún más intrigante es la presencia de millones de bacterias que habitan en el intestino, formando una comunidad llamada microbiota intestinal.

 

La microbiota intestinal: Más que bacterias

Este grupo de microorganismos no solo está involucrado en la digestión; tiene un impacto mucho más amplio. Influye en el sistema inmunológico, el equilibrio hormonal, el estado de ánimo y la función cerebral. Su influencia en múltiples aspectos de la salud es tan profunda que a menudo se le conoce como el «segundo cerebro».

 

Dieta y estilo de vida: Moldeando la microbiota

Nuestra microbiota intestinal no es estática; su composición puede ser moldeada por nuestras elecciones dietéticas y estilo de vida. Consumir alimentos procesados y azucarados, una dieta pobre en fibra, la falta de hidratación, la falta de ejercicio, el estrés y el uso de antibióticos son algunos de los factores que pueden alterar esta comunidad microbiana. Por lo tanto, llevar un estilo de vida saludable es esencial para mantener un equilibrio adecuado en la microbiota intestinal.

 

Un vínculo emergente: Sueño y microbiota

Recientemente, se ha descubierto que la microbiota también está vinculada a otro aspecto crítico de nuestra salud: el sueño. La falta de sueño puede alterar la composición de nuestra microbiota, lo que crea un ciclo potencialmente perjudicial. La Dra. Irene Rubio Bollinger, especialista en neurofisiología clínica y responsable de la Unidad del Sueño del Hospital Quironsalud Sur, destaca esta conexión emergente.

 

Cómo el sueño impacta el apetito y el peso

El vínculo entre el sueño y el apetito es de suma importancia; la falta de sueño puede alterar nuestro apetito, aumentando la ansiedad por comer y, en última instancia, influyendo en el peso. Esto se debe a que la falta de sueño disminuye la producción de la hormona leptina, responsable de la sensación de saciedad, y aumenta la producción de grelina, que induce el hambre y regula el apetito. Cuando no dormimos lo suficiente, la leptina no envía señales al cerebro de que estamos llenos, mientras que la grelina nos insta a seguir comiendo.

Doctora Irene Rubio Bollinger, responsable de la Unidad del Sueño del Hospital Quironsalud Sur.

Alteración de la microbiota y el insomnio

Un mal funcionamiento de la digestión o una noche de insomnio pueden estar relacionados con daños, trastornos o desequilibrios en la flora intestinal, conocidos como disbiosis. Tomar antibióticos, trabajar en horarios nocturnos o viajar constantemente a través de diferentes zonas horarias puede alterar nuestra microbiota. Cuando dormimos poco, los niveles de cortisol, la hormona reguladora de la insulina, aumentan, lo que puede llevar a un aumento de azúcar en la sangre, contribuyendo a la obesidad y el sobrepeso.

 

La microbiota y su impacto en el bienestar mental

El intestino también alberga una abundancia de receptores de serotonina, un neurotransmisor crucial para el estado de ánimo y la salud mental. «El 95 por ciento de la serotonina se produce en el intestino y participa en la comunicación entre el cerebro y el intestino a través del nervio vago», señala la Dra. Bollinger. Algunas enfermedades neurológicas pueden manifestarse con el tiempo como resultado de problemas intestinales.

 

El poder de la dieta en la calidad del sueño

La salud intestinal tiene un impacto directo en el cerebro y la calidad del sueño. Adoptar una dieta saludable que incluya alimentos ricos en fibra, evitar las comidas nocturnas y cenar al menos dos o tres horas antes de acostarse para facilitar la digestión pueden mejorar el sueño y beneficiar a la microbiota. Cuidar la flora intestinal se convierte en una inversión para una mejor calidad de vida y un sueño reparador.

 

Con información de Agencias.

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