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El amoníaco también conocido como espíritus de Hartshorn, gas de amonio, corneciervo o cuerno de ciervo es un compuesto químico extraído del nitrógeno, por lo general en forma de gas incoloro con un olor caustico bastante característico y desagradable. Se trata de uno de los derivados más importantes del nitrógeno y a pesar de su composición es utilizado como elemento para la elaboración de medicamentos y artículos comerciales de limpieza.

El carbono del amoníaco produce lo que conocemos como corneciervo, el cual desde sus inicios fue aplicado para todo tipo de limpiezas, sin embargo, con el avance de las ciencias del esoterismo, se ha comprobado que es funcional para alejar, devolver y evitar las energías oscuras y sus diferentes consecuencias.

El amoniaco es un compuesto químico -también llamado trihidruro de nitrógeno o gas de amonio-, cuya fórmula se representa en términos químicos como NH3: un átomo de nitrógeno y tres de hidrógeno por cada molécula. Su olor es muy fuerte, característico, pero en los productos elaborados sobre la base de amoniaco que se comercializan hoy en día se añaden perfumes especiales que aminoran el rasgo original y hacen más cómodo su empleo. Además, el amoniaco destaca por varias características positivas: su alta solubilidad en el agua, la facilidad con que se degrada en la naturaleza y su capacidad como nutriente para plantas y árboles, gracias a la cual también se emplea en la industria como base para la producción de fertilizantes.

Corneciervo: limpiezas y rituales

Antes del descubrimiento del amoníaco, los antiguos alquimistas extraían una sustancia de los cuernos del ciervo tras complicados procedimientos, de ahí su nombre; corneciervo o cuerno de ciervo que no es otra cosa que amoníaco y puede ser utilizado como una sustancia muy eficaz para la limpieza, incluyendo despojos y limpias espirituales. Existen baños de limpieza espiritual basados en amoníaco los cuales son efectivos para remover las influencias negativas y oscuras en las personas. Aunque para algunos hechizos es necesario contar con materiales muy costosos, esta es una sustancia asequible y fácil de encontrar en farmacias o casas de brujería.

El uso del amoníaco conlleva algunos riesgos. Por ello, hay que manejarlo con cuidado y precaución. El contacto del amoníaco con la piel – tanto en estado gaseoso como en líquido poco diluido- puede causar irritación (más si la piel estaba húmeda antes de entrar en contacto con la sustancia), quemaduras y ampollas si la concentración en el ambiente excede 300 ppm. La clave radica en diluirlo de manera correcta y, desde luego, no excederse en las cantidades. Conviene que el ambiente esté ventilado, para evitar la posibilidad de que el aire quede enrarecido y, además, para lograr que el olor intenso se disipe cuanto antes. También conviene usar una mascarilla, además de los guantes de látex, siempre recomendables para cuidar la piel.

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