Jaque mate

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CdMX.- “La victoria tiene 100 padres y la derrota es huérfana”. La frase la dijo hace muchos años Napoleón, pero es perfecta para describir las crisis que enfrentan hoy en día dos de los principales partidos políticos de México.

El lunes Manlio Fabio Beltrones, presidente nacional del PRI, presentó su renuncia para propiciar, según dijo, un espacio de reflexión sobre lo ocurrido el pasado 5 de junio en las elecciones. Dos días antes, su homólogo del PRD, Agustín Basave, había hecho lo mismo obligado por los diferentes grupos perredistas inconformes con su desempeño.

Hoy le toca al PRI y al PRD –hace 5 años le tocó al PAN cuando perdió la presidencia- asimilar el fracaso en las urnas, realizar un control de daños y buscar el por qué del  rechazo de los ciudadanos en las urnas.

De los tres dirigentes de partido, Ricardo Anaya, presidente nacional del PAN, fue el único que logró esquivar la hoguera y fortaleció sus aspiraciones de convertirse en candidato panista a la presidencia de México en el 2018.

 

MÁS FUEGO A LA HOGUERA

El naufragio del PRD cada vez es más grave. No sólo los perredistas enfrentan una nueva crisis interna  –activada ahora por la renuncia del dirigente Agustín Basave- sino que el partido del Sol Azteca presenta una crisis ideológica y serios problemas financieros.

Las elecciones del 5 de junio dejaron al PRD en la bancarrota, pero también cargado de dudas existenciales por su alianza pragmática con el PAN que hizo para sobrevivir electoralmente en el país.

Agustín Basave –un respetado intelectual de izquierda - llegó hace menos de un año a la dirigencia nacional del PRD en medio de una crisis. El próximo 2 de julio se irá de la presidencia del PRD en circunstancias similares y con el partido hecho pedazos y como siempre: confrontados entre sí.

Basave se desgastó como presidente del PRD por sus enfrentamientos con las tribus perredistas que son realmente las que tienen el control del partido.

Su plan de realizar un recorte de personal, por la crisis financiera que enfrenta el PRD, generó un conflicto con las corrientes perredistas que terminaron por obligarlo a renunciar.

Basave no supo qué hacer con el capital político que  le dejó las elecciones. Finalmente el PRD puede presumir que ganó 3 gubernaturas en los estados donde hizo alianza con el PAN.

La disputa por la presidencia del PRD –que dejará vacante Basave- desencadenará una fuerte pugna entre los grupos perredistas.

El nuevo líder perredista será el que organice las elecciones para el próximo candidato perredista que está entre el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, y los gobernadores Graco Ramírez, de Morelos, y Silvano Aureoles, de Michoacán.

La que tiene más probabilidades de llegar es Beatriz Mojica, actualmente secretaria general, apoyada por “Los Chuchos”.

Sin embargo algunos perredistas están impulsando el nombre de Lázaro Cárdenas Batel, exgobernador de Michoacán e hijo de uno de los fundadores del Sol Azteca, Cuauhtémoc Cárdenas, para intentar ser factor de unidad y dirimir los conflictos internos.

Es precisamente Aureoles y su corriente de Foro Sol, uno de los principales beneficiados con la salida de Basave de la presidencia del PRD.

Aureoles se ha manifestado en contra de las alianzas con el PAN, impulsadas por Basave y el dirigente panista, Ricardo Anaya.

El sábado pasado Basave anunció que presentó su renuncia al PRD, que se oficializará el próximo 2 de julio durante la celebración de un consejo nacional.

En su carta de renuncia, Basave habló de las pugnas que existen entre las diferentes corrientes del perredismo.

“En virtud de que no estoy dispuesto a afiliarme a una corriente, ni a formar parte de un bloque, y dado que en estas circunstancias la gobernabilidad es más que precaria, he decidido renunciar a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional”, señaló Basave en su conferencia de prensa del pasado 18 de junio.

“Las corrientes, que actúan en más de un sentido como si cada una de ellas fuera un partido político, están representadas en el Comité Ejecutivo Nacional en proporción a su votación en elecciones internas”.

Basave criticó en su discurso de salida que Jesús Ortega adelantara su renuncia antes que él lo oficializara.

“Lo lamento mucho porque un presidente debe decidir cuándo y cómo anunciar su renuncia. Otros violan su palabra pero yo sí respeto la mía”.

La crisis que vive el PRD se refleja en los cambios que ha tenido la dirigencia nacional. En tan sólo 2 años el PRD acumulará tres dirigentes nacionales: Carlos Navarrete, quien no sobrevivió a la crisis que provocó en el partido la tragedia de Ayotzinapa. Agustín Basave, quien apenas duró 8 meses en el cargo. Y el que lo sustituya en dos semanas.

Hoy el PRD vive otra crisis tras los resultados de las elecciones del pasado 5 de junio.

Los triunfos en 3 estados donde el PRD se alió con el PAN –Veracruz, Quintana Roo y Durango- no logran tapar la debacle electoral que vive el Sol Azteca por el avance de Morena.

El PRD logró con estas alianzas con el PAN evitar que Morena, el partido de su excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, lograra desfondarlo en la elección del pasado 5 de junio.

La dura realidad para el PRD es que sólo en los 5 estados donde realizó alianza con los panistas –a excepción de Tlaxcala e Hidalgo – no tiene niveles para competir con el resto de los partidos.

En la Ciudad de México el PRD sigue teniendo poder y lo confirmó en la elección de la Asamblea Constituyente donde logró medio millón de votos, pero fue superado por Morena.

En Chihuahua, Sinaloa y Tamaulipas el PRD perderá el registro como partido político.

 

UNA DE SUS PEORES ÉPOCAS

El Partido Revolucionario Institucional pasa por una de las etapas de crisis más difíciles de su historia.

Su líder nacional, un emblemático priista que sobrevivió incluso a los gobiernos de oposición, tuvo que dimitir.

Liderazgos históricos del partido han solicitado una revisión profunda de su ideología y de los resultados de gobierno.

El otrora experimentado instituto político le toca hacer un alto en el camino y sacudirse las solapas.

La derrota no le ha sentado bien.

Y es que esta vez no fue el asesinato de un candidato presidencial ni una demodelora crisis económica de diciembre de 1994. En esta ocasión fue una debacle electoral la que destapa la turbulenta situación del octagenario instituto político.

Los resultados electorales del pasado 5 de junio desvelaron algo que no se esperaban: el rechazo electoral incluso de su propia maquinaria.

El objetivo que se había trazado el ahora ex líder nacional, Manlio Fabio Beltrones, era sostener como trofeos 9 gubernaturas.

La realidad los llevó a hacerlo en sólo 5 entidades.

Perdieron ciudades importantes pero sobre todo fracasaron en la unidad que los caracterizaba. Estados que en toda su historia habían sido gobernados por el PRI como Tamaulipas, Durango y Quintana Roo se perdieron. Las modificaciones a las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción los enfrentó con organizaciones empresariales y su respuesta fue incluir a los privados como sujetos obligados de las declaraciones patrimonial, fiscal y de intereses si tuvieran relaciones comerciales con los tres niveles de gobierno.

En su discurso de renuncia, pronunciado el lunes en la sede tricolor, Beltrones urgió a una revisión autocrítica profunda de su actuar como gobierno.

“Entendámoslo bien, lo que está en juego no es la numeralia electoral, lo que está en juego es, ni más ni menos, el proyecto de nación para el siglo veintiuno. Lo que está en juego es el México que queremos, al que aspiramos para nosotros y nuestros hijos.

“En muchos de los casos los electores dieron un mensaje a políticas públicas equivocadas o a políticos que incurrieron en excesos, que no tuvieron conductas transparentes y que no actuaron de manera responsable. Sus respectivos partidos recibieron la sanción de una ciudadanía vigilante que premia o castiga con su voto. Es oportuno parafrasear a Luis Donaldo Colosio: ‘Lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten’”.

Minutos después el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, se despidió de Beltrones reconociéndole la labor que durante décadas ha tenido dentro de las filas del PRI.

“Como militante del PRI Nacional reconozco la visión, liderazgo y trabajo comprometido de @MFBeltrones al frente del partido”, escribió el mandatario en su cuenta de Twiter el lunes por la noche.

De acuerdo a los estatutos, el suplente del líder nacional es quien ocupe la Secretaría General, en este caso Carolina Monroy del Mazo, quien desde la noche del lunes ya está al frente del partido.

La renuncia del Beltrones tendrá que ser sometida a la votación del Consejo Político Nacional y luego vendrá la difícil tarea de encontrar a su sustituto. Los nombres empezaron a surgir desde el momento en que Beltrones anunció su salida del partido. Se mencionan desde el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, el secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade y hasta al Secretario de Agricultura José Calzada.

Sin embargo también existe la versión de que una vez que presentó su renuncia por la noche, al menos 7 gobernadores le dieron el respaldo, además de los líderes de la CNOP y CTM, Cristina Díaz y Carlos Aceves del Olmo, por lo que podrían rechazarle su dimisión en la  reunión del Consejo Político Nacional.

 

TRIUNFO ALBIAZUL

La victoria panista en las urnas del 5 de junio no pudo haber llegado en mejor momento para este partido político que no terminaba de recuperarse de haber perdido la presidencia en el 2012.

El triunfo azul ocurre en la antesala de la elección por la gubernatura del Estado de México –cuna del priismo nacional- y a dos años de las elecciones presidenciales del 2018.

El PAN –junto con Morena- se presenta como el partido con más posibilidades de aprovechar el voto de castigo al PRI, el partido en el poder.

Ricardo Anaya, dirigente nacional del PAN, resultó ser el ganador indiscutible de la jornada electoral del pasado 5 de junio.

Nunca en su historia el PAN había conseguido ganar 7 gubernaturas en una elección.

Ahora sí: haiga como haiga sido, con alianzas con el PRD o postulando a sus candidatos, logró propinarle al PRI un duro golpe electoral que obligó a Manlio Fabio Beltrones a presentar su renuncia este lunes pasado.

El mayor acierto de Anaya fue haber unificado a los diferentes grupos panistas durante los procesos de selección de candidatos.

Anaya dejó que el senador Javier Corral se postulara como candidato a Chihuahua, a pesar de haber sido su rival por la presidencia nacional panista y contar con el apoyo del expresidente albiazul Gustavo Madero.

Anaya ratificó la candidatura por segunda ocasión del senador José Rosas Aispuro, quien resultó ganador en Durango, apoyado también por el PRD.

Un error quizás del PAN no fue haber cuidado a Agustín Basave, dirigente nacional del PRD y su aliado en las alianzas, que también tuvo que renunciar a la dirigencia nacional perredista.

El dirigente albiazul es el ganador más visible, pero hay otros personajes del PAN que también resultaron fortalecidos como Rafael Moreno Valle.

El gobernador de Puebla no sólo ganó la elección en su estado apoyando a Antonio Gali, exalcalde de Puebla, sino que prácticamente borró al PRI en ese estado.

Los triunfos panistas en la elección del 5 de junio provocaron incluso que panistas con aspiraciones presidenciales como Margarita Zavala y Josefina Vázquez Mota buscaran capitalizar las victorias  para sus proyectos personales.

Hasta el expresidente Felipe Calderón, quien acompañó a varios candidatos durante las campañas. Martín Orozco, gobernador electo de Aguascalientes, es cercano a Calderón y a Margarita Zavala.

 

 

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