5 Junio: Otro país

CESAR CEPEDA | NOTICIASPC.COM.MX

CIUDAD DE MÉXICO.- México no pinta para ser el mismo después de las elecciones del domingo.
Los electores que salieron a las urnas modificaron drásticamente la geografía política del país a dos años de las elecciones presidenciales del 2018.
No hay duda que el resurgimiento del PAN –el partido de centro derecha– marcó sorpresivamente la jornada en la que estaba en disputa 12 gubernaturas, además de congresos y alcaldías.
El blanquiazul  –que apenas en el 2012 perdió la presidencia y cayó al tercer lugar de las preferencias– ganó 7 gubernaturas, incluyendo tres de la mano de su aliado el PRD, partido de la izquierda.
Pero ocurre a veces que en los resultados como en la política, las apariencias engañan.
El triunfo panista catapulta las aspiraciones y el proyecto del dirigente nacional de ese partido, Ricardo Anaya.
El PAN –de cara al 2018– gobernará una tercera parte de los estados. Es decir casi 30 millones de mexicanos estarán bajo administraciones albiazules. Los panistas ganaron en Tamaulipas, Aguascalientes, Puebla y Chihuahua. También se adjudicaron triunfos en Durango, Veracruz y Quintana Roo, pero postulando candidatos en alianza con el PRD.
Es cierto que las victorias azules en estos estados fortalecen el liderazgo de Anaya y su tino para negociar con las diferentes corrientes panistas con la intención de amalgamar intereses y odios.
Pero también, algunos de estos triunfos no son tan buenos para el líder albiazul y juegan en contra de su proyecto.
Las victorias de Javier Corral, en Chihuahua; de José Antonio Gali, en Puebla; de José Rosas Aispuro, en Durango; de Miguel Ángel Yunes, en Veracruz, y de Carlos Joaquín, en Quintana Roo no representan triunfos absolutos para Anaya.
El gane de Corral –contrincante de Anaya por la dirigencia nacional– fortalece a grupos como el de Gustavo Madero. Lo mismo pasa con Rosas Aispuro, quien llegó al PAN por una negociación con Madero y con el exsenador Rodolfo Dorador.
La victoria de Yunes en Veracruz para él y su grupo que jugará en el 2018 con el aspirante presidencial que le ofrezca más posiciones.
Lo mismo pasa con el gobernador Rafael Moreno Valle que con la victoria de Antonio Gali para la gubernatura de Puebla se posiciona fuerte en la carrera presidencial.
Martín Orozco, el candidato panista que ganó la gubernatura de Aguascalientes, pertenece a la corriente interna de “El Yunque”.
Un enigma representará el eventual gobierno en Quintana Roo del expriista Carlos Joaquín, quien hasta hace unos meses trabajaba como subsecretario de Innovación y Desarrollo Turístico del gobierno federal y renunció al PRI por excluirlo del proceso para la designación tricolor.
En sí son triunfos del PAN, pero no necesariamente de Anaya, aunque él alineó en el CEN la designación de sus candidaturas.

LOS ESPEJISMOS
El mismo espejismo podría afectarle  también al PRD, que encabeza Agustín Basave.
El partido del Sol Azteca ganó de la mano del PAN tres gubernaturas (Quintana Roo, Durango y Veracruz) sin embargo, se desconoce  si los candidatos cumplirán con los compromisos perredistas.
En la elección de este domingo –pese a sus tres triunfos– el PRD fue superado por Morena como tercera fuerza electoral del país.
Incluyendo los 600 mil votos que logró Morena en la Asamblea Constituyente, el partido de Andrés Manuel López Obrador obtuvo un estimado de 2 millones de votos en los 12 estados donde postuló candidato a gobernador.
Los sufragios de Morena valen más porque fue el único partido político que no hizo ninguna alianza electoral.
El PRD alcanzó una votación que ronda por el millón y medio de votos.
El partido de Basave no puede esconder la debacle electoral que sufre a nivel nacional con la jornada electoral del pasado domingo.
El PRI –el partido en Los Pinos– resultó ser el gran perdedor de la jornada.
Los priistas se impusieron en 5 gubernaturas: Hidalgo, Tlaxcala, Zacatecas, Sinaloa y Oaxaca. Perdieron estados que siempre había dominado como Tamaulipas, Veracruz y Quintana Roo.
En los círculos políticos se impone una sentencia: el PAN no ganó este domingo, sino que el PRI sufrió un descalabro electoral a dos años de la elección para sustituir al presidente Enrique Peña Nieto.
Lo que pasó el domingo se asemeja a la elección de 1997 cuando el PRI por primera vez perdió la mayoría en el Congreso federal y el entonces presidente Ernesto Zedillo tuvo que lidiar con un Congreso opositor. En el 2000, el PRI perdió Los Pino

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